Zeanuri y
Cercedilla en Radio Trail.
De Gorbeia Suzien a carrera de las dehesas.
Hoy quiero
contaros este fin de semana en las carreras de montaña que viví desde los dos
lados del micrófono. Viernes y Sábado estuve en Zeanuri siguiendo la Gorbeia Suzien
como periodista, atento a los parciales y a los cambios de carrera. El domingo
regresé a mi pueblo, Cercedilla, para ser speaker junto a Josete Alpi en la
Carrera de Las Dehesas.
Podcast: Zeanuri y Cercedilla en Radio Trail.
Zeanuri mira al Gorbea.
El sábado, a
las nueve de la mañana, salimos de Zeanuri al ritmo del aurresku. En la madrugada había caído txirimiri; a
la salida se oían cencerros y el cielo gris se recortaba sobre el verde del
valle. Esa estampa no era un decorado cualquiera: Zeanuri es un municipio de
Bizkaia en el valle de Arratia, al pie del Gorbeia, formado por barrios rurales
dispersos.
La carrera hizo
que las calles y plazas se llenaran de gente y folklore antes de que el pelotón
se estirara hacia la montaña. Allí sentí que Zeanuri no era un mero punto de
salida, sino anfitrión y protagonista de la jornada. Esa es una identidad muy
suya: un paisaje de caseríos y barrios repartidos por la ladera que mira a la
montaña que da nombre a la prueba.
Para entender
Zeanuri más allá de la carrera, hay que pensar en un municipio hecho de barrios y caseríos, no solo en una
plaza de salida. Es uno de los pueblos de Bizkaia con más caseríos en su núcleo
urbano, ejemplos de arquitectura popular, y que en sus distintos barrios se
dispersan iglesias y ermitas, como Andra Mari, de mediados del siglo XVIII, y
la parroquia de Santiago en Ipiñaburu, documentada desde 1551
También queda
memoria del trabajo cotidiano ligado al agua y a la piedra. El molino rehabilitado de Olabarri
permite conocer el antiguo oficio de molinero; en Otzerimendi, junto a la
ermita de San Justo y dentro de un robledal, se conserva el calero, cuyo horno
se pone en marcha cada primer fin de semana de agosto. Y en el humedal de
Saldropo, al que se accede desde el Alto de Barazar, aparece otra puerta al
paisaje de Zeanuri: bosque, agua y Gorbeia forman parte de la vida del
municipio, no solo del telón de fondo de una carrera.
El trazado largo
suma 32 kilómetros y 2.400 metros de desnivel positivo, con tramos técnicos y
otros muy rápidos. Desde Zeanuri se sube hacia la ermita de San Justo, se
encadenan las rampas de Zanburu y las inmediaciones de Lekanda, y luego se
alcanza la campa de Arraba antes de coronar Gorbeia. La ermita y la antigua
calera de San Justo, en el entorno de Otzerimendi, ponen un topónimo y una
huella rural concreta al comienzo de la subida.
Después de
Gorbeia, el recorrido pierde altura hacia Azero y todavía reserva la ascensión
a Aldamin. Desde allí llega un descenso final largo y técnico hasta el pueblo,
con la carrera aún por decidir. En Zeanuri aprendí otra vez que el primero en
los primeros kilómetros puede dejar de serlo mucho antes de volver a meta.
Alain
Santamaría y Sara Alonso marcaron el ritmo de la prueba larga, pero Alain tuvo que resolver una carrera
apretada hasta el final. Manuel Merillas remontó en la zona técnica y llegó a
acercarse a menos de un minuto en el descenso decisivo. Santamaría exprimió su
velocidad en el tramo asfaltado y ganó en 2:50:24, nuevo récord; Merillas fue
segundo en 2:52:07 y Loïc Robert tercero en 2:53:11.
El dato del día
es que los cinco primeros hombres corrieron por debajo de la anterior
plusmarca. Marcos Villamuera y Aitor Ajuria completaron ese top cinco, detrás
de Santamaría, Merillas y Robert. En una edición rápida y con una nómina
extraordinaria, no hubo respiro ni siquiera para los récords.
Sara Alonso
ganó la carrera femenina en 3:21:27 y también estableció un nuevo récord. Al cruzar la meta rindió homenaje a su
compañera de equipo Ida, fallecida recientemente; fue un momento íntimo en
medio de una jornada deportiva enorme. Denisa Dragomir acabó segunda en 3:34:44
y Natalie Beadle tercera en 3:36:16; Oihana Zubillaga y Alice Bausseron
completaron las cinco primeras.
En la
distancia de 21 kilómetros vencieron Biel Sagués y Dalia Alonso. Y en mi crónica en directo de Gorbeia Suzien 2026 fui contando cómo evolucionaba la carrera
sin perder de vista el pueblo. Me quedo con el aurresku, los cencerros y la
gente que acompaña a los corredores desde las calles hasta la montaña: así se
entiende por qué esta cita pertenece tanto a Zeanuri como al macizo del
Gorbeia.
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Speaker en Cercedilla: Carrera de Las Dehesas.
El domingo cambié
la libreta de periodista por el micrófono de speaker. La Carrera de Las Dehesas
cumplía cuarenta años desde su primera salida, en 1986, y celebraba su 39.ª
edición: no se disputó en 1988 ni en 2020. Para mí, que vivo en Cercedilla
desde hace más de veinte años, soy corredor de sus montañas y me cuento entre
los parraos, poner voz a la carrera junto a Josete Alpi fue un privilegio.
Cercedilla
está pegada al corredor histórico del valle de la Fuenfría. Desde Las Dehesas arranca la calzada
romana que cruza el puerto y continúa hacia Segovia; el Cross de hoy discurre
por el mismo valle que ya acogió a las legiones romanas en su conquista de
Hispania. Esa mezcla de montaña viva y caminos antiguos da un carácter muy
particular a correr aquí: cada collado tiene nombre y cada sendero parece
guardar varias épocas.
Además,
Cercedilla celebró en 1916 una carrera de montaña desde el entorno de Las
Dehesas hacia Siete Picos y vuelta. No fue la Carrera de Las Dehesas, que nació
en 1986, sino una prueba distinta que confirma que esta localidad ya corría por
montaña hace 110 años. En mi artículo sobre las carreras pioneras de
Cercedilla y Siete Picos
explico esa diferencia histórica, que ayuda a entender el arraigo serrano sin
mezclar dos carreras distintas.
El Cross de
Las Dehesas son 29 kilómetros, alrededor de 1.900 metros de subida y otros tantos de bajada, y un
terreno que exige cabeza hasta el último paso. Desde Cercedilla el recorrido
gana altura por Navarrulaque y Siete Picos, continúa por Cerro Ventoso,
Fuenfría y Tirobarra, enlaza Montón de Trigo, Cerro Minguete, Marichiva y Peña
del Águila, y regresa por la Senda de la Teja. Este año el descenso de Montón
de Trigo volvió a dejar caídas y raspones: granito, raíces y canchales no
perdonan cuando ya llevas horas de carrera.
Ismael Gómez
Pozo ganó el Cross masculino en 2:49:52, seguido por Javier Hernando de Lema en 2:52:03 y
Jorge Alonso Sánchez en 2:53:48. Pilar Saiz Peña se llevó la prueba femenina
con 3:34:45. Paula López Solance fue segunda en 3:38:26 y Lisa Geybels tercera
en 3:42:39.
El Trail de la
Fuenfría ofrece una distancia menor, pero conserva el sabor de la montaña
local: 15,2 kilómetros y 680 metros positivos por pinares, senderos y caminos
del valle. Cayetano Redondo Herreros venció en 1:08:58; Javier Casado de Luis
fue segundo en 1:11:37 y Carlos García Campos tercero en 1:13:54. En mujeres
ganó Coral Velilla Guerrero en 1:31:21, por delante de Diana Freire Ferrero, en
1:35:19, y Jimena Hidalgo Utrilla, en 1:36:12.
Las Dehesas
nació el 14 de junio de 1986 como Carrera de Montaña Las Dehesas-Cotos, impulsada por el grupo de montaña
CDCEBE-GRUMBE, vinculado al Banco de España. Aquella primera ruta tenía unos 18
kilómetros y cerca de 1.000 metros positivos, con meta en Cotos; en 1998 la
llegada pasó al Puerto de Navacerrada. En 2009 se incorporó Montón de Trigo y
se reforzó el circuito con salida y llegada en el entorno de Las Dehesas.
Desde 2017 el
Club Tierra Trágame tomó el relevo organizativo y ha mantenido el Cross como
prueba reina, a la vez que abrió la jornada a distancias y edades distintas.
Este año compartieron el fin de semana el Cross, el Trail de la Fuenfría, el
canicross Trail-Dog y las carreras de promoción. Desde el micrófono, mi mejor
recompensa fue ver volver a los corredores por los senderos de mi pueblo:
cansados, sí, pero satisfechos de haber hecho suyo el valle durante unas horas.
En mi crónica de
la edición 2026 de la Carrera de Las Dehesas conté el día vivido desde dentro. Me
moría de ganas de dejar el micrófono y ponerme un dorsal, pero escuchar a cada
corredor cruzar la meta y reconocer en su cara el alivio de volver entero fue
otro modo de correrla. Ser speaker en Cercedilla, después de tantos años como
vecino y corredor, tuvo un valor especial.
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Dos pueblos y una misma montaña
compartida
De Zeanuri me
llevo la salida al ritmo del aurresku, los cencerros y la silueta del Gorbeia
sobre los barrios rurales de Arratia. De Cercedilla, la llegada al
polideportivo, el regreso desde Siete Picos y Montón de Trigo, y la historia
que une el valle de la Fuenfría con caminos romanos, carreras y montañeros.
Ninguno de esos detalles es intercambiable: son el paisaje y la memoria propios
de cada prueba.
Las carreras de
montaña dan a los pueblos pequeños un fin de semana de calles llenas,
conversación y orgullo local, pero también ponen en valor los caminos que
forman parte de su vida cotidiana. En Zeanuri, la carrera sube desde los
barrios hacia el Gorbeia y devuelve al pelotón a la plaza; en Cercedilla, sale
del pueblo, recorre su valle histórico y trae a los corredores de vuelta a
casa. Esa es su magia para los pueblos de montaña: que por un día el mundo
entero mire hacia allí y que, al terminar, el lugar siga siendo el verdadero
protagonista.