MARATÓN Y ANDREAS ALMGREN
La pasión por la MARATÓN celebró ayer una victoria que invita a mirar mucho más atrás de la meta. Andreas Almgren ganó el domingo, 1 de noviembre de 2026, el Maratón de Nueva York en su debut, con 2h06m01s y a los 31 años. Para ello tuvo que sobreponerse a unas lesiones que le impidieron competir en los Juegos de Río 2016, Tokio 2021 y París 2024.
Resistir, persistir y nunca desistir
Cuando repaso su trayectoria, me impresiona la distancia entre aquel muchacho que corría dos vueltas a la pista y el hombre que acaba de ganar ayer en Central Park. Entre ambos hay talento, un cambio profundo de preparación y demasiadas temporadas interrumpidas. Sígueme aquí ahora, porque ese resultado de Nueva York se entiende mejor al conocer todos esos años en los que llegar sano a una salida ya era para Almgren una aspiración difícil de cumplir.
EL SUEÑO EMPEZÓ EN LOS 800 METROS
Andreas Almgren nació el 12 de junio de 1995 en Sollentuna, al norte de Estocolmo, y compite para el Turebergs FK. Su primera gran medalla internacional llegó en el Mundial júnior de Eugene 2014, donde fue bronce de 800 metros con 1m45s65. Tenía 19 años y aquel registro estableció un récord sueco júnior. Era una presentación de primer nivel en una especialidad que exige velocidad, resistencia y mucha capacidad para soportar el esfuerzo del tramo final.
En 2015 rebajó su marca hasta 1m45s59, pero su futuro se iría alejando de aquellas dos vueltas. Años después explicó a European Athletics que nunca había tenido intención de subir de distancia: quería correr los 800 metros. Quédate con ese punto de partida, porque su posterior salto al fondo fue una transformación que fue tomando forma entre recuperaciones y pruebas. El maratón quedaba muy lejos de los planes del adolescente que había subido al podio en Oregón.
TRES CICLOS OLÍMPICOS INTERRUMPIDOS POR LESIÓN
El primer gran corte llegó en 2016, cuando una fractura en el pie frustró su intento de llegar a Río. Cuatro años después, la pandemia aplazó los siguientes Juegos, y en 2021 una rotura de menisco volvió a apartarlo de la cita olímpica de Tokio 2020. Son lesiones que él mismo recordó al explicar su tercera decepción. Habían transcurrido cinco años entre una y otra, suficientes para cambiar de distancia y de expectativas, pero el sueño olímpico seguía pendiente.
París 2024 fue especialmente duro porque Almgren ya había sido seleccionado para los 5.000 y los 10.000 metros. Renunció primero al diez mil y llegó a desplazarse a París, donde intentó apurar sus opciones de disputar el cinco mil. Una reacción de estrés en la tibia terminó obligándolo a retirarse también de esa prueba. El Comité Olímpico Sueco recoge su resultado como DNS, es decir, no tomó la salida: estuvo en los Juegos, aunque no pudo competir.
En su balance de aquel verano recordó que había batido seis récords nacionales en sus primeras siete carreras del año. Después llegó la lesión, unas siete semanas antes de su primera prueba olímpica, y tuvo que aceptar que no estaba recuperado. Almgren expresó su intención de volver y llegar en plenitud a Los Ángeles 2028. Para entonces habían pasado ocho años desde el pie roto que había truncado su camino hacia Río.
LA RECONSTRUCCIÓN COMO FONDISTA
En 2019, mientras se recuperaba de una fractura por estrés en el sacro y entrenaba en bicicleta, vio a su compatriota Kalle Berglund alcanzar la final mundial de 1.500 metros en Doha. Aquella actuación fue un estímulo para modificar su preparación. En el invierno de 2020 llegó una señal concreta: Andreas batió el récord sueco de 3.000 metros en pista cubierta con 7m48s34 y empezó a reconocer sus posibilidades en el fondo.
Curiosamente, para esa evolución ha mantenido siempre a Urban Aruhn como entrenador, una relación iniciada en 2012 que con los años se ha vuelto más participativa. Almgren explicó que propone buena parte del programa y lo discute con él, también para decidir cuándo conviene dar por terminada una sesión. Su preparación incorpora jornadas de doble umbral, con dos entrenamientos de intensidad controlada en el mismo día, y semanas que pueden rondar los 200 kilómetros. La continuidad de trabajo fue dando espacio a una resistencia que apenas se había podido expresar durante sus años de lesiones.
Me fascina esa capacidad de revisar el camino: Para cualquier corredor popular, simplemente mantener la ambición y aceptar cambios tan grandes exige una paciencia superlativa. No quiero ni imaginar a qué nivel se eleva la presión como corredor profesional de élite cuando tu sueldo y tu legado deportivo dependen de acertar con el camino. Almgren fue dejando de perseguir exclusivamente al ochocentista que había sido y encontró otras distancias en las que competir al máximo nivel. En esa decisión, lógica quizá pero no por ello menos valiente, veo una parte esencial de su tenacidad.
TOKIO 2025 EL BRONCE QUE ABRIÓ OTRA ETAPA
La recompensa mundial llegó en Tokio 2025, en una final de 10.000 metros que se decidió en un desenlace apretadísimo. Jimmy Gressier ganó con 28m55s77, Yomif Kejelcha fue plata con 28m55s83 y Almgren se llevó el bronce con 28m56s02. Hoy sabemos del enorme, descomunal talento del dúo que logró batirle, lo que realza más aún que apenas veinticinco centésimas separaron al sueco del título. Once años después de la medalla júnior en 800 metros, volvía a un podio mundial, ahora absoluto y tras veinticinco vueltas a la pista.
Aquella temporada también corrió los 5.000 metros en 12m44s27 en Estocolmo, récord de Europa, y en octubre llevó el récord continental de medio maratón hasta 58m41s en Valencia. Su progresión ya abarcaba la pista y el asfalto, con prestaciones que justificaban aspirar a algo más que una buena participación en los campeonatos. El bronce de Tokio confirmó su capacidad para resolver una carrera táctica frente a los mejores. Sus marcas acreditaban, además, que podía sostener ritmos de primer nivel en pruebas muy diferentes.
DOS OROS EN 2026 Y UNA DISTANCIA NUEVA POR DESCUBRIR
El 11 de enero de 2026 volvió a ganar el 10K de Valencia con 26m45s. Mejoraba así en ocho segundos el récord europeo para los 10 km en ruta, que él mismo había establecido un año antes. Esa secuencia permite medir su evolución con algo más preciso que adjetivos. El corredor que había sido una promesa de 800 metros estaba construyendo una carrera internacional de fondo, con resultados que se repetían en lugar de quedar aislados entre largas ausencias.
En agosto conquistó el oro de 10.000 metros en el Europeo de Birmingham con 27m23s44. Rebajó el récord del campeonato que Martti Vainio había fijado en 1978 y aventajó en más de diecinueve segundos a Dominic Lobalu. Sus segundos 5.000 metros en 13m17s74 explican la dureza de la selección que impuso. Esta vez se marchó por delante y convirtió la lucha por el oro en una demostración de resistencia sostenida.
El 20 de septiembre llegó el título mundial de medio maratón en Copenhague, con 58m06s y otro récord europeo. Ganó por cinco segundos a Nicholas Kipkorir, mientras Joshua Cheptegei completó el podio con 58m26s. En esta ocasión esperó para resolver con un cambio de ritmo final. Era la primera victoria de un atleta no africano en el Mundial de Medio Maratón en los últimos treinta años.
NUEVA YORK EL DEBUT QUE ACABÓ EN VICTORIA
El siguiente paso ya estaba anunciado: debutar en Nueva York, aunque él mismo reconocía que todavía desconocía cómo respondería su cuerpo más allá de los 35 kilómetros. Una vez más, era una apuesta tan lógica como atrevida: Como te conté en mi previa del Maratón de Nueva York 2026, esta edición celebraba los cincuenta años del recorrido por los cinco distritos.
Como puedes ver abajo, es un trazado peculiar, donde los puentes y los cambios del trazado exigen administrar el esfuerzo hasta el final. Para Almgren suponía además comprobar en competición si podía trasladar su extraordinario rendimiento del medio maratón a los 42,195 kilómetros.
¡VAMOS AL LÍO!
La cabeza de carrera pasó por el medio maratón en 1h04m01s En el kilómetro 35 todavía quedaban quince hombres en el grupo delantero. Cuando Benson Kipruto endureció la carrera, Almgren respondió y se mantuvo en la pelea junto a Crippa y Zouhair Talbi. Primero cedió Talbi y después Kipruto, hasta que el duelo quedó entre los dos europeos, pues su rival corría con pasaporte italiano. Tras un espectacular mano a mano, Almgren lanzó su ataque final y abrió el hueco que lo llevó solo hasta la meta.
El resultado fue 2h06m01s para Almgren, 2h06m14s para Crippa y 2h06m26s para Kamohelo Mofolo, quien superó al campeón 2025 Kipruto, cuarto con 2h06m27s. Su promedio total quedó ligeramente por debajo de tres minutos por kilómetro. La victoria llegaba un año después del triunfo de Kipruto que recogimos en nuestra crónica de Nueva York 2025.
Almgren se convirtió en el primer sueco que ganaba la carrera masculina de Nueva York. Al terminar, la Federación Sueca recogió unas palabras que explican el momento mejor que cualquier adorno: «Estoy a punto de llorar». También contó que, cuando comprobó que podía responder al ataque de Kipruto, se animó a disfrutar del último tramo. ¡Esta vez sí! Andreas llegó sano, supo competir al límite y venció a lo grande.
LECCIONES ANDREAS ALMGREN.
Como corredor, imposible no fijarse en esos ocho años con tres ausencias olímpicas. Preparar una gran cita durante años y tener que renunciar cuando se acerca deja un vacío que ninguna marca de entrenamiento ocupa. Me ocurre a mí, siendo un simple aficionado... Almgren como élite profesional que vive de esto tuvo que reconstruir sus temporadas después de cada interrupción y aceptar que tenía que reventar su zona de confort, pues con el paso del tiempo su futuro podía estar en pruebas muy distintas de aquellas con las que había empezado. Esa forma de encajar las desgracias y darles la vuelta con aún más trabajo e ilusión, dota de una profundidad única a su victoria de ayer.
Me quedo también con una idea que ya te indiqué en Trail Running y constancia: Andreas por fin había conseguido continuidad. El talento ya estaba a la vista en Eugene 2014, pero necesitó muchos años para enlazar trabajo y competición hasta alcanzar estos resultados. Ganar en Nueva York a los 31 años amplía una trayectoria que durante demasiado tiempo avanzó a trompicones. Su siguiente capítulo olímpico, si consigue llegar a Los Ángeles 2028, todavía tendrá que escribirlo en la pista o en la carretera.
Resistir, persistir y nunca desistir.
Ayer Andreas Almgren tuvo por delante el último tramo de Central Park y celebró sobre él hasta la victoria, después de tantos veranos en los que el cuerpo lo había obligado a parar. Me gusta pensar en ese instante de disfrute que él mismo describió, cuando ya había abierto hueco y aún le quedaban unos metros para la meta. Ahí cabían los 42 kilómetros del debut y buena parte de los doce años transcurridos desde su primera medalla mundial.
Desde aquí, los aficionados españoles no podemos sino ponernos en pie para aplaudir este gran éxito del loco sueco que este mismo 2026 reventó el récord de Europa 10k en ruta ante nuestros ojos, volando por las calles de Valencia.
Guldet ska hem, Andreas.

.jpg)

.jpg)