24 dic. 2016

¡Feliz Navidad! Fábula de José, María y el burro.


Esta noche celebramos, cuenta la tradición, el aniversario de un nacimiento. Un parto que fue de todo menos fácil, si seguimos la historia que nos ha llegado. Y siguiendo la tradición del "Cuento de Navidad" quería recordaros una bonita fábula que oí hace años, sobre esos últimos momentos en que José, con María y el burro andan buscando dónde guarecerse, hasta encontrar el Portal.


Jose, María y el burro rumbo al Portal de Belén. Imagen: Dibujalia.
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FÁBULA DE JOSÉ, MARÍA Y EL BURRO. 


"En aquellos días apareció un decreto del emperador Augusto ordenando que se empadronasen los habitantes del imperio. Este censo fue el primero que se hizo durante el mandato de Quirino, gobernador de Siria. Todos iban a inscribirse a su ciudad. También José, por ser de la estirpe y familia de David, subió desde Galilea, desde la ciudad de Nazaret, a Judea, a la ciudad de David que se llama Belén, para inscribirse con María, su esposa, que estaba encinta." (Lucas 2, 1-5)


Y allá que van José, María y el burro rumbo a Belén. Ya casi llegan. Hace frío y cae la tarde mientras siguen adelante. Al borde del camino, los lugareños les ven pasar. Triste figura forman el cansado José, hombre ya algo mayor; la joven María embarazada y el pollino. Paso tras paso siguiendo el ronzal, avanza el trío por entre olivos y rebaños. 





Pastores y campesinos se enternecen a su paso. Alguno les ayuda, comparte con ellos su pan, agua... Otros los compadecen, sin más. Pero al llegar a una perdida aldea, no falta tampoco quien busque zaherir a la pareja. Son los judíos zelotes, los más puros entre los puros. Aquellos a quien Jehová ha iluminado de una forma especial, según proclaman ellos mismos. 

 Mientras la estampa familiar pasa ante la taberna, Judas el Galileo no puede contenerse: Hay una mujer en lo alto, montando muy ufana piensa el, mientras un pobre viejo tira a sus pies del ronzal. No puede ser. Sin fijarse siquiera en que está encinta, musita desde atrás, dirigiéndose a los suyos. 

"¡Qué joven más descarada! Ella encima de la burra, mientras su esposo ya mayor, va a pie".

María lo oye. Tontamente avergonzada, se baja del pollino e insiste ante José para que se alce por un tramo y así se reponga un poco. Mientras, ella caminará. Le vendrá bien estirar las piernas por un rato, dice. José, ignorante de la pulla y enternecido por los ruegos de su joven esposa, accede y sube al estribo. 

Siguen camino. Pasan por el hogar de otro zelote, Fineés. Es el hombre más orgulloso de la aldea, siempre acído en sus críticas. Lleva con arrogancia el nombre de quien traspasara con su lanza a un hijo de Judá al verle fornicando con una pagana, manchando la pureza del pueblo elegido. Así Fineés, no duda al criticarles en alta voz: 

"¡Qué hombre más egoísta! Subir solo encima de la burra, mientras su esposa se fatiga".

Esta vez, ambos lo oyen. También toda la calle, donde no falta alguna carcajada cómplice del censor. Ruborizados ambos, José le hace un gesto y María sube también al burro. Siguen adelante hacia las ultimas casas de la aldea. 

Ya entre las huertas aledañas, pasan aun por la casona del joven Barrabás. Este está llamado, dicen sus vecinos, a ser un líder entre los zelotes. Andando el tiempo, Barrabás y el hijo de María volverán a encontrarse en las mazmorras de Pilatos. Serán entonces esos zelotes vociferantes quienes lograrán que el romano dé la libertad a uno de los suyos frente a Jesús de Nazaret. Hoy, Barrabás no puede evitar al ver la estampa, comentar para sí. 

"¡Pobre burra! Tener que aguantar toda una familia entera sobre ella".

Quiso ser el suyo un comentario para sí mismo, pero al pronunciar las palabras su eco ha llegado a la pareja de viajeros. Pasan la casa sin decir nada. Al poco, José desmonta. Coge de la mano a María, sonríe y vuelve a tomar el ronzal mientras camina delante. 

El trío sigue avanzando. Marchan ahora como habían venido haciendo desde el principio. Cae la noche, María se queja de dolores. Belén está cerca, pero no parece que el niño quiera esperar. Mientras aparecen las primeras estrellas, José distingue una que nunca había visto antes. Brilla muy fuerte sobre el horizonte. Bajo ella, entrevé un establo. Se acercan, está abierto. Repleto de heno fresco, acoge tambien a una mula y un buey. Aquí pararemos, dice José.  

Han seguido su camino hasta el Portal. Quizá su hijo no nacerá en el mejor de los lugares posibles, como bien les recordaría cualquier zelote, si les viera aquí. Pero seguro nacerá a su manera y no le faltará cariño ni calor en la cuna de heno.   

A todos, ¡FELIZ NAVIDAD!



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Info redactada por Mayayo Oxígeno para Blog personal Mayayo


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