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25 oct 2026

LA MUJER MUERTA, SEGOVIA: Tragedia de Aviaco y la azafata de Montjuic.

 

LA MUJER MUERTA, SEGOVIA.

Se llamaba María Isabel Sastre Bernal, Maribel. Era de Barcelona, tenía dieciocho años y había cumplido su sueño de trabajar como azafata. El 4 de diciembre de 1958, el avión de Aviaco en el que viajaba de Vigo a Madrid se estrelló en la Mujer Muerta segoviana. Murieron sus dieciséis pasajeros y los cinco miembros de la tripulación. Casi setenta años después, quiero volver sobre aquella historia desde estas montañas que tanto hemos recorrido.

Podcast Radio Trail: Leyenda de la Mujer Muerta, Segovia. La tragedia de Aviaco.


Tragedia de Aviaco, 1958.  

El pasado fin de semana regresé con Alejandro desde Cercedilla a La Pinareja y Peña del Oso, por nuestra ruta de la Mujer Muerta de 20 kilómetros. Nos acercamos después al Pasapán. Al recordar aquel vuelo, me detuve a pensar en los vecinos y montañeros que subieron a buscarlo entre la nieve. Conozco lo que cuesta moverse por estas laderas y la verdad, leer cómo fueron rescatados aquellos 21 cuerpos en pleno invierno, me ha cambiado la forma de mirar estos caminos.

Visto desde Segovia, este cordal dibuja una mujer tendida. Quien haya contemplado su perfil entiende enseguida que esa silueta acabara llenándose de historias. Hay una madre que ofrece su vida para reconciliar a sus hijos; una princesa asesinada cuyo recuerdo lleva a Hércules a modelar la montaña; una dama que se interpone en un duelo y una muchacha muerta por los celos de un pastor. Son distintas leyendas históricas de la Mujer Muerta, transmitidas para explicar un mismo paisaje.

Me gusta conocerlas cuando recorro la sierra. Añaden al nombre del mapa las historias de quienes la miraron antes que nosotros. Pero al llegar al Pasapán aparece una tragedia real, la ocurrida aquí el 4 de diciembre de 1958. Aquel día viajaban en el avión personas cuyas familias seguían esperándolas en Madrid.

La azafata de Montjuïc: el último vuelo. 

Para seguir el rastro de Maribel hay que alejarse del Guadarrama y llegar hasta el cementerio de Montjuïc, en Barcelona. Sobre su tumba hay un busto con uniforme de azafata y el gorro ligeramente ladeado. La escultura conserva el rostro de una joven de dieciocho años.

 El periodista Edwin Winkels encontró aquella sepultura en 2006. Quiso saber quién había sido la muchacha y empezó a buscar. Localizó familiares, reunió documentos y recuperó testimonios. De aquella investigación nació primero un reportaje para El Periódico y, años después, la novela El último vuelo.


 

Maribel quería volar.

 En la España de los años cincuenta, ser azafata le permitía viajar y ejercer una profesión que había deseado desde niña. Cuesta pasar de esa ilusión a la fecha de su muerte. Por eso prefiero empezar recordándola así, trabajando en lo que había elegido, antes de contar lo que ocurrió en la montaña.

El vuelo que no llegó a Madrid: Aquel jueves, un Languedoc de Aviaco regresaba de Vigo a Madrid con veintiuna personas a bordo. Lo pilotaba el comandante José Calvo Nogales, un aviador experimentado. Al aproximarse al Guadarrama encontró un fuerte temporal de nieve y viento. El aparato se estrelló en el sector del Pasapán.

El historiador César Olivera Serrano repasó el accidente en una reciente conferencia. Su explicación contempla posibles factores como la formación de hielo y una onda de montaña. La reconstrucción permite entender las dificultades que afrontó aquel vuelo, aunque deja abiertas preguntas sobre la causa del choque. Para quienes estaban en cabina, Madrid debía de parecer ya cerca. Después llegaron las horas sin noticias. Había un avión desaparecido en la sierra y familias esperando saber dónde estaban los suyos. Así lo narraba la prensa entonces, cuando aún había esperanzas. 


 

Luciano Otero: El pastor entre la nieve

Luciano Otero, pastor de Ortigosa del Monte, conocía aquellas tierras altas. Se sumó a la búsqueda liderada por la Guardia Civil y fue el primero que localizó los restos. Olivera, que contó con su colaboración durante la investigación, recordó que tuvieron que rastrear la sierra a pie durante casi dos días. Otero describió las condiciones de aquella búsqueda: «Hacía un viento enorme. Los ojos se cegaban continuamente por las ventiscas».

Tanto así, que momentos antes de reconocer el avión, Otero creyó distinguir una roca entre la nieve. Si a tí también, como a mí, te ha tocado caminar por un canchal con niebla sabes de sobra cuánto cuesta interpretar lo que tienes apenas a unos pasos delante. Luciano se acercó hasta reconocer la cola del aparato y avisó a sus compañeros. Entre quienes ascendieron estaba también Alfonso González Nicolás, hermano del segundo piloto que acudió a la busqueda esperando volver con su hermano rescatado. 

No fue así, pero al menos aquella localización permitió organizar la recuperación de los cuerpos al día siguiente. El tiempo seguía imponiendo duras condiciones, tocaba remontar entre la nieve y el viento de nuevo para alcanzar el avión y preparar un descenso para traer a todas las víctimas de vuelta a casa por terreno nevado, sin añadir nuevos cadáveres a las que ya estaban allí.

A diferencia de sus compañeros de vuelo, Maribel fue encontrada de una pieza y fuera del aparato, recostada sobre una roca, muerta de hipotermia. Quizá fue la única persona que pudo sobrevivir al impacto. No sabemos establecer cuánto tiempo pudo sobrevivir allí, herida y rodeada por el desastre bajo una ventisca inmisericorde, 

Un rescate para traerlos a casa. 

El domingo 7 de diciembre culminó la evacuación. Participaron vecinos de los pueblos próximos, montañeros de Madrid y Segovia, Cruz Roja, Guardia Civil y Ejército del Aire. Emplearon además unos veinte mulos, conducidos por sus dueños. Aún con las caballerías, el terreno lo exigió en varios pasos cargar con los cuerpos a hombros.La crónica de la época sitúa la llegada de los primeros cuerpos a La Paridera hacia las doce y media y la del último alrededor de las cinco. 

El pasado fin de semana bajé esas mismas laderas, y me consta que no es fácil hacerlo. Ellos descendieron pisando nieve y hielo mientras cargaban con los muertos. Sostenerlos envueltos en sábanas y mantas, cuidar el paso de los animales y resolver sobre el terreno las dificultades del camino. Me quedo con esos vecinos que subieron con sus animales y con los montañeros que pusieron el hombro donde hacía falta. Lo hicieron porque sí, porque abajo les esperaban unas familias anegadas en lágrimas que solo querían despedir a los suyos.

Desde La Paridera, los vehículos llevaron los cuerpos a Madrid para su identificación. Para quienes habían participado en la evacuación terminaban las jornadas de búsqueda y descenso. Las familias tenían por delante el reconocimiento de sus muertos y los entierros. Maribel volvió a Barcelona. Años después, su tumba hizo que un periodista se detuviera y empezara a preguntar. Así ha llegado también su historia hasta nosotros, que seguimos recorriendo las montañas donde terminó aquel vuelo.

La próxima vez que pase por estas laderas, dejaré de mirar el reloj un momento. Me acordaré de Maribel y de las otras veinte personas de aquel vuelo. También de quienes subieron a buscarlas.


Sergio Garasa Mayayo.

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LEYENDAS DEL GUADARRAMA POR MAYAYO

Después de tantos años contando el Guadarrama desde Cercedilla, hoy recupero cuatro relatos que he compartido entre mi blog personal, CARRERASDEMONTANA.COM y Radio Trail.

 Peñalara, ellas recuerdan (2010) imaginé a Siete Picos, Maliciosa y Claveles contemplando nuestros frontales mientras despertaba su memoria de los guerreros arévacos. Aquella previa del primer Gran Trail Peñalara enlazaba, desde la imaginación, a los corremontes con quienes habitaron estas tierras muchos siglos antes. La carrera aún no había arrancado y ya sentíamos que formábamos parte de algo antiguo y compartido.  

El Pino de la Cadena (2012) nos lleva a otro recuerdo, más íntimo: el homenaje que Nicolás María de Urgoiti dedicó a su padre en 1924. Compró la vida de su pino favorito, junto a El Ventorrillo, y encargó al herrero una cadena con su dedicatoria. Un árbol salvado de la tala y unos eslabones bastan para invitarnos a bajar el paso y pensar en los nuestros.

En Fernando García Herreros: de Bustarviejo a Zegama (Radio Trail, 2026) recordé al bombero y montañero que ganó el Maratón Alpino Madrileño y Zegama 2003, fallecido en acto de servicio en 2006. Su ejemplo tuvo mucho que ver con mis primeros pasos en las carreras largas de montaña; correr su memorial en Bustarviejo fue también una manera de recordarlo. 

 


21 oct 2014

LEYENDAS DEL GUADARRAMA: EL DRAGÓN DE CERCEDILLA.


 Cuentan las viejas historias que la hoy llamada cuerda de Siete Picos era, en tiempos medievales, mejor conocida como la Sierra del Dragón en deferencia a la enorme bestia fósil que aún guarda Cercedilla y a sus gentes desde lo alto. 

Alguno apunta incluso que, si recorres hoy la senda Herreros, podrás ver un pequeño homenaje a su leyenda, cincelado en un lanchazo de granito de manos de Ezequiel. O quizá no.... Esta es la vieja leyenda del Drágon de Cercedilla. 


El Dragón de Senda Herreros: Homenaje cincelado en granito a la viaje leyenda sobre Cercedilla.


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LEYENDA DEL DRAGÓN DE CERCEDILLA, por Rosa Alonso.  

Como en toda vieja historia popular, existen cientos de versiones de la misma. Hoy os dejamos con la que en 2012 publicaba Rosa Alonso en esta página de El Guadarramista. 


"Antes de que Hispania existiera, un dragón recorrió el mundo en busca de la fuente de la eterna juventud. Su única pista para encontrarla era que el lugar se encontraría señalado con una veta de cuarzo puro. Con las garras de la pata izquierda arañaba sin descanso cualquier piedra volcánica que llamara su atención, pero no hallaba nada. Así, con los años, los golpes le fueron provocando heridas profundas y el territorio por explorar parecía no acabar. Al fin, un día, llegó hasta Anatolia donde se paró, por primera vez, a descansar.

Un anciano pescador del lago Baofeng se acercó lentamente hasta el animal con su primitiva barca de bambú, apesadumbrado porque el bello ser parecía moribundo. El viejo faenador le contó la historia que había oído a sus abuelos: la fuente de aguas mágicas existía y se encontraba en tierras muy lejanas. Rodeada por pinares se escondía una gruta tallada en granito y en su parte más profunda lucía la roca de cristal de cuarzo puro. El dragón levantó el vuelo y jamás regresó.

 Mil noches tardó el buscador alado en llegar hasta el corazón de la Península Ibérica y unos cientos más en encontrar la gruta que el pescador le había indicado, en el lugar que hoy conocemos como Cercedilla. Cuando por fin la halló, bebió de sus aguas, transformándose en roca y conservando así su apariencia para siempre.

Cuando por fin la halló, bebió de sus aguas, transformándose en roca
Con esta metamorfosis asombrosa, se formó la Sierra del Dragón, hoy conocida como los Siete Picos. El macizo montañoso recuerda, sin duda, a la cresta que los dragones portan en su espalda y representa la historia que, de tan fabulosa, pudiera ser verdad.


Todo aquel que se atreva a buscar la fuente mágica en Cercedilla debe saber que, al igual que el dragón, conservará su juventud gracias a la transformación en piedra, un precio muy alto que no todo el mundo está dispuesto a pagar.


El Dragón, recostado, guarda aún hoy a Cercedilla de los gélidos vientos del Norte. 

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La leyenda del Dragón, sigue viva en Cercedilla: Desde el año 2013 un grupo de entusiastas del esquí arrancaron un proyecto de club de ski local donde mantener viva y con fuerza la gran tradición de esquiadores de este pueblo. 

Aquí se deslizaron los grandes pioneros de las tablas, alla por los primeros años del siglo XX.  Aquí no solo se dieron las dos únicas medallas olímpicas del esquí alpino español en toda su historia, sino que tambien hubo una veintena de Campeones de España, 

Y aquí recogiendo ese testigo, nacía en 2012 el Club de esquí Los Dragones de Cercedilla donde hoy, como ayer, las jovenes fieras del Guadarrama vuelan sin temor, flotando sobre laderas nevadas. Quizás sea cierto aquello de que, en toda vieja leyenda, late un poso de verdad. 


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