29 sept. 2017

ULTRA PAINE: Crónica personal, corriendo entre los fiordos y bosques blancos.

Correr en el fin del mundo. Cruzar ríos rebosantes de agua, avanzar entre bosques primigenios, sentir el viento en la cara y la hierba bajo los pies. Y siempre, desde lo alto nos vigilan las Torres del Paine.  Esta ha sido mi segunda experiencia en Patagonia. Distinta por completo de la primera, pero a la vez tan dulce como aquella Ultrafiord compartida con Mikel Leal el pasado Abril. Vamos primero con un video resumen, tras el dejo mi crónica personal escrita para quien guste.



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CRÓNICA PERSONAL ULTRA PAINE 50KM. 


Llevamos ya más de 20 Kilómetros corriendo hacia ellas, las Torres del Paine. Un puñado de Ultreros llegados de Brasil, Argentina, Estados Unidos, España y más rincones del mundo tomamos la salida en la estancia Karsk junto a unos orgullosos chilenos que recién celebraban sus fiestas patrias, como bien atestigua la imagen abajo.


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La salida de esta Ultra Paine 50k ha sido espectacular. Con los primeros rayos del sol austral sobre nosotros, dorando cuatro casitas de pioneros en un paramos desolado... ¡Allá vamos! Salimos buscando el Paine por una larga cinta que se pierde en el horizonte.

Tras nosotros, sabemos que en unas horas llegaran al galope los mejores de los 80k, quienes partieron a las 7AM treinta km más allá y vienen en nuestra busca. Mientras, allá delante tomarán la salida pronto los pelotones de 30k y 14k. Bajo el cielo gris y la llovizna de hoy somos casi 600 dorsales, de 24 países lo que corremos buscando la meta junto al Río Serrano, tal como podeis ver en el mapa abajo.



Mis piernas se resienten aún de las 12 horas de carrera en la reciente Ultra Canfranc, pues no pude recuperar como debiera. No importa, tiempo tenemos hoy de sobra y no hay otro objetivo que vivir esta carrera desde dentro, ser uno más de los finalistas bajo la pancarta de estos 54k/D+1450m que vamos cortando.


Curioso, nunca me vi más acompañado que aquí por mujeres dentro de un pelotón ultrero. Luego sabré que hoy eran casi la mitad del total, una grata noticia en un mundo donde aún es raro verlas ocupar más allá de un diezmo del dorsaleo. Corremos por el llano, siguiendo rodadas de viejas pistas entre las estancias, únicos asentamientos estables en este Páramo desolado por el que discurren los primeros Kilómetros hoy.

Al paso de los primeros 10km el primer río rompe la monotonía. La corriente es honda, fuerte y muy fría. Allá sobre nosotros resplandece el Hielo Continental. Pasaremos varias veces entre los fiordos y los ríos que en ellos vuelcan, pero solo en estar Primera se nos permite cruzar en seco. Un viejo puente en ruinas, con los pocos maderos supervivientes ya blanqueados por el tiempo, nos permite cruzar al otro lado apoyados en una cuerda fija.



Adiós rodadas, hola senderos y trochas del ganado. Seguimos sumando Kilómetros para llegar al primer avitu. Curioso, nadie para apenas. Para mi, mejor lo hago. Relleno bidones, plátano, chocolate, dale!

Un cuarto de carrera ha pasado ya. Las caras que me rodean son las mismas que seguirán conmigo de aquí a meta. A ratos les pasaré, a ratos me descolgaran ellos. Al final, todos nos movemos casi a un mismo compás. Son Adriana de México, Maria Belen y Raúl de Argentina…y así.

Pasan los Kilómetros, la traza se vuelve más amena. Nos acercamos al Paine y con el gana relieve el terreno. Nos adentramos en los bosques patagonicos, buscando siempre un apoyo correcto a cada zancada ente hierba, tierra y agua. Llegando ya a la Cascada del Toro oigo desde atrás como llega volando el líder de los 80km.





¡Es Casey! Que alegría ver a mi compañero luciendo una descomunal sonrisa. Me saluda y pasa adelante como una exhalación. Está disfrutando a lo grande, a su ritmo. Cruzara meta con más de una hora sobre él ecuatoriano Javier, otro veterano con quien ya se batió hace años en la Transmallorca Run de la que yo también fui entonces testigo. Nadie más del pelotón 80k nos pasará hasta meta ya.

Allá se va Casey y acá seguimos marchando los de 50km, cuando ya en lo alto de la Cascada vemos una cuerda fija que cruza el río. Toca el primer vadeo en estas aguas heladas. Nos mojamos hasta la cintura al atravesar con una corriente notable: frías y cabeza bien pendiente…un resbalón tonto aquí que me haga soltar la cuerda, podría acabar en breve y triste  epílogo. Me acuerdo ahora de aquellos 50km en equipo, disputando también en esta región la de Ultrafiord, junto a Mikel Leal. Que gran viaje disfrutamos entonces, con ese inesperado podio final como fin de fiesta.

Vuelvo a la realidad tras dar un patinazo en pleno sendero. No te puedes despistar aquí, no. Pasamos los gritos de ánimo de Camila, como se agradecen. Seguimos a ritmo ya hasta el Patagonia Camp, una de las pocas bases que atienden a los enamorados de estas tierras, que vienen a recorrerlas confiando en los pocos senderos trazados en este remoto confín.

Nos guían unos finos tubos plásticos rígidos, que suman casi un metro de largo, hundidas en la tierra como única garantía frente a los vientos y galernas. Buenas marcas son, las que van emplazando Stjepan y su equipo. Ni me perdí en la Ultrafiord de Abril, ni acá tampoco en Septiembre. Y menos mal, dado que vagar desorientado en estos lugares despoblados, sin cobertura móvil siquiera para reclamar ayuda, no sería nunca  plato de gusto. Lllegando al siguiente control me encuentro a Wladi Togumi, el estupendo fotógrafo brasileiro que ya me retrato junto a Mikel esta primavera. Hoy, vuelve a regalarme una imagen para el recuerdo, que podeis ver abajo. Gracias fenómeno. 



Ya estamos en el mirador Grey y su avituallamiento, de donde partió la carrera de 14km. Este rincón nos regala grandes vistas sobre el lago Toro a nuestros pies, mientras encaramos el tercio final a meta. Remontamos una pista en pendiente exigente. Tanto, que bajarla ha resultado imposible para el todoterreno de la productora. ¡Dios! Lo veo volcado sobre el techo frente a mí, mientras el olor a gasolina nos rodea. Susto, espero que no les haya pasado nada… Me acerco, la puerta trasera derecha está abierta, la única. Veo el gato y otras herramientas fuera, un hacha, todo abandonado bajo la caja de transporte.

Aunque la impresión es fuerte, a Dios gracias no vemos mancha alguna de sangre. Más tarde sabré que el accidente ocurrió apenas una hora antes y que fueron compañeros corredores como JC Pasten de Solorunning.cl quienes ofrecieron la primera asistencia al herido y lo arroparon hasta su evacuación. El vehículo, tirado sobre el techo allí quedo, como mudo testigo de que a esta tierra nunca debemos perderle el respeto.

¡Últimos Kilómetros! Bosques magníficos nos envuelven camino del ultimo avitu. Ya solo les queda bajar, nos dicen allí. Y así será… poco más allá coronamos el cerro que domina RIo Serrano. Guau! Magnífico panorama el del estuario del fiordo al abrirse ante nosotros.

A bajar hasta meta... Delicioso descenso final por un sendero de tierra revirado entre arbustos y matorrales, donde de nuevo me reencuentro con Adriana, Raul y otros compañeros. Galopamos ya todos sonrientes hacia una meta que nos espera con los brazos abiertos.

Final de mi Ultra Paine. Han sido 7h40m para esta traza. La meta me acoge en el Hotel Río Serrano con pasta, duchas y una cálida atmósfera que se agradece más en este ambiente.





¿Y ahora, qué? Pues muy contento. Me siento afortunado de vivir de nuevo, van casi cuarenta ya, la íntima satisfacción personal de completar una ultra trail. Especialmente, estoy hoy feliz de hacerlo por segunda vez en un lugar mágico como es la Patagonia. Y allá me quedo, sorbiendo mis fideos chinos frente al Paine, que veo desde el enorme ventanal del hotel.

 Ojo, que no todo es sonrisa y poesía. También duelen las piernas, mucho: Se quejan aún de aquella  Canfranc, de los largos vuelos empalmados después hasta acá y claro está, de la pelea recién concluida hoy en los fiordos: "Ya os vale majas, si supierais que aún os esperan doble ración de vuelos en los próximos días, antes de rematar lo que quede de vosotras durante los 71km de Ultra Trail Scotland el Siete de octubre."

Pero esa será otra historia. Mientras tanto, seguiremos cerrando los ojos y reviviendo aquel vadeo del rio y el deslizarnos entre los bosques blancos, que han brotado, vivido y muerto en pie luchando con el viento omnipotente del fin del mundo.



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CRÓNICAS, VIDEOS Y RUTAS DE MONTAÑA 

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